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Una cafetera que trabaja en la Plaza de Mayo pidió que
"se vayan ya" los piqueteros que acampan allí desde el martes
al sostener que sus ventas cayeron "más del doble". Al tiempo
que lamentó los constantes paros en el Hospital de Pediatría "Juan
P. Garrahan", donde está internado su hijo, víctima de una
leucemia.
Desde hace un año y dos meses, Marcela llega "religiosamente" a
las 6 de la mañana hasta la Plaza para vender café con su
carrito, y permanece allí hasta las 22.
Luego se dirige a su casa, a pocas cuadras, en la avenida Rivadavia.
Después de comer algo rápido, viaja hasta el barrio porteño de Parque
Patricios, al Hospital Garrahan, adonde está internado "Pepe",
su hijo de 9 años, quien padece una leucemia linfática diagnosticada
hace cuatro años.
"Estoy con él hasta las 3 de la mañana, vuelvo a mi casa y duermo
apenas dos horas. Así he estado en los últimos 20 días", le cuenta
a DyN la mujer, que lleva con orgullo sus 40 y pico de años y el trabajo
que eligió para ganarse el sustento diario.
"Lo que hago yo es decente. Laburo hay. Prefiero esto y no cortar las
calles. No me importa que los piqueteros se enojen conmigo, pero yo soy
así, digo lo que pienso", dice Marcela, a quien la presencia de los
desocupados en la Plaza perjudica notoriamente en términos económicos.
Según admite, "vendo un cuarto menos de lo que hago
diariamente", justo en un momento "en el que tendría que vender
el doble".
"Los únicos que me compran son los del Partido Obrero y de la
C...", asegura, sin poder precisar la sigla de la Corriente Clasista
y Combativa.
Marcela lamenta el deterioro que sufre el lugar por la protesta.
"Rompen los bancos y los trasladan hasta las carpas. Hacen pis en los
árboles, hasta las mujeres. Esto no es bueno para nadie", critica.
Para colmo, tiene que sufrir las consecuencias de las repetidas protestas
que realizan los trabajadores no médicos del Hospital Garrahan, donde en
el primer piso, sector naranja, está internado su hijo.
De todos maneras, rescata que el presidente de la Fundación Garrahan,
Fernando Matera, la ayudó. "Se ha portado muy bien conmigo y me dan
todos los medicamentos".
Claro está que con sus magros ingresos, que no revela, es imposible
afrontarlos. Sin embargo, dice no perder la fe para ir cada mañana a la
Plaza, a las 6, "con las mismas ganas de siempre".
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Una página
que desea reflejar el sentimiento por el querido Parque Patricios |
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