Este
trabajo no pretende ni desentrañar las telarañas que anudan una psiquis
concreta, ni desenmascarar las determinaciones sociales que marcan el
destino individual, ni elaborar algún método que marque los pasos necesarios
para la generación de talentos deportivos. Sin embargo, sí intenta brindar
material para posteriores investigaciones sobre estos y otros temas,
mostrando algunas de las facetas de la vida de uno de los personajes más
importantes de la historia del fútbol argentino.
René Orlando Houseman, flaquito, divertido y sin un peso en el bolsillo, no
parece haber cambiado mucho desde sus días de plenitud, en los años setenta.
El fútbol no le dejó nada material. Aunque eso no signifique que no se
sienta un hombre feliz. Ha reconocido que muchas veces, durante su época de
oro, despilfarró lo que ganaba haciendo asados y fiestas con sus amigos de
la villa, y por supuesto, dándole una mano a algún ser querido que lo
necesitaba. Nunca le importó ahorrar ni invertir.
H - Nunca tuve “guita”. Si la tenía, la gastaba. Total, si mi familia y mis
amigos están bien, listo. ¿Para qué quiero la plata?
Vive con Olga, su mujer, y su hijo Diego René. También tiene otra hija,
Jésica Evelin, que formó su propia familia. Ya me hizo abuelo, dice el Loco.
Suele encontrarse en un bar amurado en la esquina de Avenida del Libertador
y Echeverría, en el barrio porteño de Barrancas de Belgrano, barrio en el
que vive. Ese café, es el punto de encuentro con sus amigos. Allí
transcurren muchas de sus tardes, hablando con los “pibes”, como él les
dice, y jugando con una maquinita de videojuegos. “Me rompo todos los dedos
jugando a esa porquería”. Eso sí, para que no haya confusiones, enseguida se
encarga de aclarar: “Lo único que tomo acá es café”.
Sigue jugando al fútbol. Una vez por semana se reúne con los amigos de su
hijo en las canchitas de césped sintético de Parque Norte. “Trato de
mantenerme en estado. Mirá si me llaman de la selección....”, bromea René.
- ¿Sigue pasando por Huracán?
H - Si. Por ahí voy a la sede y me reciben muy bien. Eso significa que algo
dejé. Además, la gente me sigue reconociendo por la calle.
- ¿Los más jóvenes también?
H - Si. A veces, chicos de quince o veinte años me dicen: “René, ídolo”, y
nunca me vieron jugar.
- ¿Alguna vez le molestó el asedio de la gente?
H - No, para nada. Al contrario, que me saluden me encanta, me alimenta el
ego. Es reconfortante.
- ¿Tiene algún plan para el futuro?
H - No sé que voy a hacer dentro de dos minutos.
Nació en La Banda, Santiago del Estero, el 19 de Julio de 1953. Dos años
después de su nacimiento, sus padres decidieron viajar hacia la Capital
Federal. Estaban buscando algo mejor para su familia, compuesta por ellos
dos y cuatro hijos.
- ¿Por qué su familia viajó de La Banda a la Capital?
H - No sé, habría que preguntárselo a mis padres. Lástima que están muertos
los dos. No te lo puedo decir yo. Pero supongo que para buscar otro
porvenir. Un mejor futuro.
- ¿Usted vino de muy chico acá, tiene algún recuerdo de su tierra natal?
H - Si, tengo miles. Vine a los dos años, a los 11 volví y me quedé todo un
año allá. Tengo recuerdos muy gratos.
- ¿Le quedó algún amigo de La Banda?
H - No. Ninguno de los amigos que tengo es de Santiago del Estero.
- ¿Qué le gusta mas, Buenos Aires o Santiago?
H - Allá es mucho más lindo para descansar. Acá, la gente vuela. Viven muy
acelerados.
Luego del viaje se instalaron en una villa de emergencia, villa miseria o
barrio marginal tal como se prefiera, que actualmente no existe. La villa
estaba ubicada en el barrio Bajo Belgrano, en el Norte de la Ciudad de
Buenos Aires. Allí se dedicó a jugar al fútbol y a estudiar. Terminó sexto
grado recién a los 14 años, en el Colegio Mariscal Sucre. Antes había pasado
por otros colegios.
- ¿A qué escuela fue?
H - Ni idea. Me parece que anduve por todos los colegios del país.
- ¿Alguna vez volvió a ver a algún compañero?
H - No. Nunca me crucé con ninguno.
Después de terminar la escolaridad primaria tuvo su iniciación en el mundo
laboral: trabajó en una carnicería ubicada en las cercanías de la villa,
llamada “El Triunfo”. Su dueño, Oscar Canavesi, era hincha de Huracán. Ahí
tuvo su primer contacto con los colores del club de Parque Patricios, barrio
de la zona Sur de la ciudad.
- ¿Se acuerda de la carnicería El Triunfo?
H - Si, por supuesto. El dueño era hincha de Huracán, yo trabajé ahí cuando
era chico. Era durísimo, laburaba toda la noche. Después tuve muchos otros
trabajos.
En esta carnicería René tenía que hacer los repartos de carne con un
carrito. Hasta que un día, lo llamaron de una verdulería. Y como le ofrecían
algunas monedas más, aceptó de inmediato. Siempre, después de cumplir con su
horario laboral, se iba a jugar al fútbol a una cancha que estaba ubicada en
las calles Pampa y Dragones, con un equipo que se llamaba “Los Intocables”.
Muchos de sus compañeros de equipo, y rivales conocidos de la escuela, lo
hostigaban diciéndole “villero”. Aunque nunca le molestó ni le pareció un
término despectivo. Siempre estuvo orgulloso de serlo.
Siempre le resultó muy difícil alejarse del Bajo Belgrano. Muchas veces
confesó sentirse cómodo rodeado de las personas humildes que lo vieron
crecer. De hecho, en 1973, los dirigentes de Huracán intentaron sacarlo de
la villa para evitar que tenga un fácil acceso al alcohol debido a las
supuestas “malas compañías” con las que él contaba. Para lograr esto, le
alquilaron un departamento en el corazón de Parque Patricios. Al principio
parecía que se estaba adaptando bastante bien. Pero a los veinte días,
regresó a la villa para seguir estando con “su gente”.
H - Cuándo vivía en la villa lo único que estaba era la pelota. Con eso nos
criamos.
-¿Qué dijeron los directivos de Huracán cuando abandonó el departamento que
la habían alquilado, para volver a la villa?
H - No les gustó nada. Pero ese no era mi ambiente.
Fútbol
Toda su vida giró en torno a la pelota. Y aún lo sigue haciendo.
Seguramente, lo que tuvieron la suerte de verlo en acción dentro de una
cancha, todavía recuerdan las notables gambetas y la gran facilidad que
tenía para desbordar por las puntas o meter la diagonal y encarar hacia el
arco. Corrida y freno. Amague y gambeta. Centro o tiro buscando el gol. El
repertorio era muy amplio, la elección del tema dependía de su intuición. El
requisito, la libertad para crear.
En total jugó en Primera división 281 partidos y convirtió 109 goles. Pasó
sin pena ni gloria por River (en 1981, jugando 12 partidos con un gol) y por
Independiente (1984, tres partidos). Fue en su Huracán donde descolló. Allí
jugo 266 partidos y allí hizo 108 goles, entre 1973 y 1980 y entre 1982 y
1983. Allí fue Campeón Metropolitano en 1973. Un equipo que marcó una época
en la historia del fútbol argentino.
Pero así como se habla de los Cebollitas de Maradona, primero hay que hablar
de “Los Intocables” de René. Era un club de barrio. Allí se realizaban
pruebas de talento para seleccionar a los chicos que querían formar parte de
él. Houseman quedó, y para él fue como tocar el cielo que las manos. En esa
época, no se dedicaba a enloquecer defensores. Al contrario, su obligación
era correrlos, ya que jugaba de marcador de punta izquierdo.
- Cuénteme de Los Intocables
H - Era un equipo en el que jugaba mi hermano mayor Carlos. Me acuerdo que
era un conjunto imbatible. Yo, a los 14 años, ya estaba jugando ahí, que era
como jugar en Primera. Para mí, era comparable a estar en la Selección. En
esa época jugaba de “3”.
Luego, con el correr de los años y al crecer dentro da la villa, nació su
amor por Excursionistas, club afiliado a la AFA, del barrio de Belgrano,
como su archirrival Defensores de Belgrano. Pero al vida le tenía preparada
una sorpresa. Cuando tenía quince años, fue a probarse al club del cual era
fanático. Cuentan que había jugado muy bien, que le había hecho pasar
vergüenza a más de uno de los chichos de la institución. Sin embargo, lo
rechazaron por su condición de villero. Algo de lo que un día se iban a
arrepentir. René decidió cruzar la vereda y se fue al máximo rival de
Excursionistas: Defensores de Belgrano.
“Debutó en Primera a los 18 años. Sus locuras en el certamen de Primera C,
en 1972 fueron el delirio de los hinchas -propios y rivales- y el llamado de
atención para los pensadores de futuro. Allí eludía rivales, los golpes y
las ondulaciones, pozos e imperfecciones de los terrenos de juego. Campeón,
con vital y decisiva participación en el ascenso de Defensores de Belgrano,
pasó a Huracán, cuando parecía que iba a River o a Independiente”1. En Enero
de 1973, Cesar Luis Menotti, el Director Técnico de Huracán, lo puso frente
a San Lorenzo, en el vestuario del viejo estadio San Martín de Mar del Plata
dijo una frase que buen pudo haber sido una premonición: “Ese flaquito
desgarbado que ustedes vieron hoy, va a ser figura del fútbol argentino”. No
se equivocó mucho. El 4 de marzo debutó en forma oficial en el Torneo
Metropolitano e integró el que sería el equipo sensación del año. Un
conjunto recordado por su juego exquisito y efectivo a la vez, por las
genialidades de Miguel Brindisi y Carlos Babington.
Dos semanas después, el técnico de la Selección Nacional, Enrique Omar
Sívori, lo citó para disputar un partido frente a Uruguay (que terminó 1 a
1) por la Copa Lipton. Al año siguiente, en 1974, el técnico de la
Selección, Vladislao Cap, lo incluyó en la lista de jugadores que viajaron a
Alemania para disputar la Copa del Mundo.
René fue uno de los mejores de Argentina, que no tuvo una buena performance.
Se destacó entre las grandes figuras que conformaban el equipo, en especial
con una inolvidable actuación y golazo en el empate 1 a 1 con Italia. Sin
embargo, el Loco siempre dijo que ese no fue un verdadero conjunto; cada uno
jugaba para sí mismo, se querían mostrar. Para él, esa fue la causa de las
dos derrotas espectaculares de la Argentinas frente a Holanda, el mejor
equipo de la época. La primera antes de comenzar a jugarse el mundial, 4 a
1, y otra durante el torneo, por 4 a 0.
- Hablando de los Mundiales ¿qué plantel le gustó más, el del '74 o el del
'78?
H - El del '78 eran mejor como personas. Pero como jugadores era mejor el
del '74. Lástima que en ese plantel reinaba la envidia. Ninguno tiraba para
la Selección. Todos jugaban al “Deportivo Yo”. (En 1974) parecía que
estábamos a kilómetros de distancia. Pero después agarró el Flaco Menotti,
el máximo, y la historia cambió. Él hacía jugar el fútbol que a mí me
gustaba. El mismo de Huracán
Cuatro años después, tuvo su revancha. Esta vez el Mundial se jugó en la
Argentina y a pesar de que pudo consagrarse campeón del mundo, le quedó un
sabor amargo. Su juego no tuvo el mismo nivel que había mostrado en la Copa
anterior. Por eso tuvo que pelear el puesto con el “negro” Ortiz. Todo se
debió, dice René un poco en broma y otro poco en serio, a la buena
preparación física con la que contaba. Según su explicación, lo suyo era
siempre la improvisación y una gambeta que tenía que hacerla con el último
esfuerzo para que le saliera bien. En cambio, si tenia resto y buena
recuperación, como le sucedió en el '78, corría mucho más pero gambeteaba
menos de lo que debía. Sea como fuera, le quedó una deuda personal.
Participó en la mayoría de los encuentros, pero no le alcanzó. Él quería
“romperla”.
El ídolo de René fue Angel Clemente Rojas, aquel delantero de Boca poseedor
de una cintura mitológica. Pero dice que en realidad nunca tuvo un modelo a
seguir. Argumenta que te pueden ordenar o indicarte por donde moverte, pero
que el fútbol no se enseña, es la inspiración que nace de la piel de cada
uno. Entre los jugadores nacionales, destaca a Miguel Brindisi: era
completísimo. Generaba jugadas y después las definía. De los de afuera,
destaca a Cruyff, parecía una gacela. Aunque asegura que no podría elegir a
un wing por que no vio a casi ninguno. Ni de acá ni del exterior. De lo que
sí está convencido, es que todos los jugadores de cualquier época se
encuentran por debajo de “Dios”, como él define a Maradona: Dios no tiene
comparación.
Da la sensación de que el “Loco” Houseman no tiene problemas con nadie, que
su buen humor todo lo supera. Incluida queda la discusión que mantuvo con
Daniel Bertoni durante el Mundial 78. No pasó nada. Ahora está todo bien,
aclara René. Si se deseara encontrar a alguien con quien sostenga alguna
discrepancia, chocamos inevitablemente con Carlos Bilardo. Dice René: El
wing desapareció por culpa de Bilardo. El lo mató. Nunca tuve la oportunidad
de hablar con él, ni la quiero tener. Su ceño fruncido lo dice todo. Está
incómodo. Y como queriendo relajarse comenta: A mí el que me gusta es
Menotti. Es el técnico que más cosas me dejó, y una leva sonrisa se dibuja
en su cara.
Alcoholismo
René no oculta su pasado asociado a la adicción al alcohol. En su etapa más
oscura no podía despegarse del vino.
-¿Cómo fue el inicio de adicción?
H - La verdad, no te lo puedo decir con exactitud. Iba tomando un vasito,
dos, tres, hasta que me tomaba una botella entera. Lo hice porque quería. Me
gustaba la bebida.
- ¿Nadie del ambiente futbolístico se acercó en esos momentos?
H - No, porque no me juntaba casi con nadie. Además, yo lo hacía consciente
de que me estaba perjudicando solo. NO necesitaba que nadie me lo dijera.
Muchas historias se hilvanaron alrededor de su adicción, como por ejemplo,
que jugaba mejor los partidos cuando estaba borracho. René se encarga de
aclarar que solo ocurrió una vez:
- ¿Es verdad que jugaba mejor borracho?
H - No. Nada que ver. Una sola vez jugué borracho.
En 1976, jugando para el “Globo” de Parque Patricios, se fue de la
concentración por que era el cumpleaños de su hijo Diego. Cumplía un año y
él quería estar presente. De Santis, que era dirigente del club, era el
encargado de ir a buscarlo siempre que se escapaba. No obstante, esa vez no
hizo falta, por que el “Hueso” (otro de los apodos de René) volvió solo.
Llegó más o menos a las 11 de la mañana siguiente totalmente borracho. Con
una “curda barbara”, como él mismo dice. Cuatro horas después, tenía que
jugar un partido contra River Plate. Durmió nada más que una hora. Con
varias duchas de agua fría intentaron recuperarlo entre varios compañeros.
Mientras tanto, los dirigentes discutían. Unos estaban convencidos de que
debía jugar. Otros se oponían firmemente.
El que tuvo la responsabilidad de decidir fue el Director Técnico, José
Vigo. Entonces fue a verlo y le preguntó si se sentía bien y si tenía ganas
de jugar. El “loco” le contestó: Por supuesto. Yo juego hasta en una
pierna... Finalmente, entró, hizo un gol y luego pidió el cambio. Está buena
esta fórmula... cuando me marcan pongo “en pedo” a los contrarios, declaró
alguna vez.
- ¿Le costó mucho superar la adicción?
H - No. Llevo diez años sin tomar ni una sola gota. Cuando lo quise largar,
lo largué.
- ¿No necesitó de alguna terapia?
H - Estuve internado 22 días. Pero después, nada más. No tuve ningún
problema.
- ¿Alguna vez le ofrecieron droga en el medio del fútbol?
H - Sí, varias veces. Una vez me equivoqué. Estabamos en Sudáfrica y me
convidaron pimienta. Yo no quería saber nada. Pensé que me estaban dando
cocaína...
Hoy declara haber adquirido el hábito de fumar... “aunque no paso de los
seis o siete cigarrillos por día”, comenta.
El partido homenaje
Los amigos íntimos de René se cansaron de verlo luchar contra una situación
económica adversa. Y estuvieron pensando algo para poder darle una mano. Así
nació la idea de que Houseman tuviera un merecido homenaje en el estadio
Tomás A. Ducó, su segunda casa, y que todo lo recaudado fuera directamente
al bolsillo del Loco. Los dirigentes de Huracán ni siquiera tuvieron que
pensarlo. El “sí” fue automático, René iba a volver al Palacio de Parque
Patricios. Pero no como espectador, algo que hace desde hace muchos años,
sino como jugador y centro de la atención general. La fecha pactada fue el
18 de junio de 2000.
Por un lado estuvieron algunas de las glorias del club del barrio de La
Quema2: Omar Larrosa, Jorge Carrascosa, Roque Avallay, Miguel Brindisi,
Claudio Morresi, Claudio García, Carlos Babington. Por el otro, estaba el
combinado de las estrellas: Ricardo Enrique Bochini, Daniel Bertoni, Ubaldo
Matildo Filliol, Olarticoechea, Mario Kempes, Claudio Marangoni, Sergio
Goycoechea, Quique Wolff, entre otros. Faltó el más grande de todos, quien
estuvo invitado, pero no pudo asistir a la fiesta. En el banco de Huracán,
por supuesto, estuvo Cesar Luis Menotti.
La hinchada se rompió las manos para aplaudirlo cada vez que tocaba la
pelota. Y él, en medio del partido, alzaba la vista y saludaba con su mejor
sonrisa. Y chupe, chupe, chupe y no deje de chupar, el Loco es lo más grande
del fútbol nacional, cantaban los quemeros y los de otros clubes.
A los cinco minutos del segundo tiempo, pasó algo que estaba fuera de los
planes de cualquiera. René había salido segundos antes de terminar el primer
tiempo y luego volvió a ingresar para saludar a la gente que no paraba de
elogiarlo. Ahí nomás, una de las puertas de la platea del lado sur, se abrió
y todo el mundo invadió la cancha para abrazarlo, tenerlo cerca y subirlo en
andas, como a un verdadero campeón. El partido quedó interrumpido. Pero a
René no le molestó.
Estaba todo preparado para que vinieran a saludarme, justificó. Lo que más
recuerdan de ese partido no son las dos habilitaciones que le puso al Turco
García para que definiera sólo frente al arco, sino el reconocimiento de la
gente, que no se olvidan lo que fue uno en el fútbol.
Para terminar...
Algunos dijeron de él que fue el mejor wing de la historia del fútbol
argentino, inclusive por encima de Omar Orestes Corbatta y de Raúl Emilio
Bernao. El que le brindó el mejor elogio fue Carlos Babington, cuando dijo:
Para mí, que lo vi de cerca y lo disfruté en miles de entrenamientos, René
estuvo a la altura de Pelé y Maradona. Era un mago, no repetía nunca.
Siempre estrenaba una gambeta nueva.
- ¿Cómo le cayó que Babington haya dicho que usted fue similar a Pelé y a
Maradona?
H - Fue muy importante para mí. Y que lo diga alguien como el “Inglés”, fue
impresionante.
- Podría definirse como jugador.
H - Era hábil, inteligente. Me gustaba gambetear. De los jugadores de ahora
me gusta Ortega, cuando se para como puntero.
- ¿El fútbol le dejó algún amigo?
H - La palabra “amigo” es muy especial para mí. Me quedaron muchos
conocidos, pero amigos, ninguno.
- Si no hubiese sido futbolista ¿a qué se hubiera dedicado?
H - A mirar minas3.
Eso pinta genuinamente al “Loco” ...... ¿loco?
Notas
Enciclopedia del Fútbol, Diario Olé, 1998
El Club Atlético Huracán, fue llamado así debido a un Globo Aerostático de
un famoso “sportman” de la época, Jorge Newbery. El club nació en el barrio
de Nueva Pompeya y luego se afincó en el cercano Parque Patricios. Se lo
llama el club de La Quema y a sus simpatizantes “quemeros” debido a que en
cercanías del Parque existió en el siglo XIX, la Quema Municipal de basura.
Bibliografía
Revista del Club Huracán
Diario Clarín, 5 de junio de 2000
Enciclopedia del Fútbol, Diario Ole, 1998