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SENSACIONES
por
JUAN DE BIASE
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No fue un domingo como el de ayer, pero si un día primero de noviembre de una semana de 1908. Hace justo noventa años. Ni la vieja cancha de tablones existía y mucho menos el Palacio de Alcorta y Luna que la sucedió.
Fue un día aquél en que un grupo de muchachos que después de gastar en un "picado" una pelota de trapo en la modestia de un potrero, descansaba en una esquina cualquiera de la calle Patagones, y quiso bautizar un sueño cerca de los corralones de Famatina y del arrabal de "Las Ranas". Muchos de sus habitantes eran malandras sin mucho prontuario y recibían el mote de "raneros" o el de "ranas", no solo por la compañía de los simpáticos y comestibles batracios, sino como sinónimo de vivos; eran rápidos para sacar ventajas sin mucho pudor ni remordimientos.
Aquéllos muchachos del potrero que no eran como esos otros, sino hijos de laburantes honestos de un suburbio; solo querían fundar un club, su club de fútbol allí en Parque Patricios, y lo hicieron. Su nombre, Huracán; curiosamente sin "h", sino con "U". No se sabe por qué, si por error u omisión, pero que como ahora ya tenía como símbolo un escudo con un rojo globo aerostático como el de
Jorge Newbery. Luego se recuperó la H, con mayúscula, claro. Y así quedó. Y es mejor no rasgar la cortina del pasado, porque los datos se confundirían con la anécdota de la leyenda. Basta con señalar para el recuerdo que cumplió noventa años y que allí, en ese reducto de Patricios supo batir su gloria a través de grandes jugadores, muchos de ellos inolvidables en la historia del fútbol argentino.
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